¿Qué quieren hacer los Diseñadores?
Autor: Adrian Solca ·
Es 2026 y estoy empezando a caer en cuenta de una paradoja que me vuela la cabeza: nunca ha habido tantos Diseñadores en el mercado y, sin embargo, los productos que usamos a diario siguen siendo una absoluta mierda.El mundo digital se ha convertido en un catálogo de procesos rotos y exper

Es 2026 y estoy empezando a caer en cuenta de una paradoja que me vuela la cabeza: nunca ha habido tantos Diseñadores en el mercado y, sin embargo, los productos que usamos a diario siguen siendo una absoluta mierda.
El mundo digital se ha convertido en un catálogo de procesos rotos y experiencias que parecen planeadas para frustrar a cualquiera que no sea el autor del archivo de Figma. Si se supone que somos más profesionales en el campo y estamos “mejor preparados”, ¿por qué la realidad no refleja ese avance? La respuesta es tan sencilla como incómoda: parece que los Diseñadores no tienen ni idea de qué quieren hacer en primer lugar.
Llevamos años exigiendo “un asiento en la mesa”. Nos la pasamos gritando que queremos ser estratégicos y que el Diseño debe liderar la toma de decisiones. Peleamos sobre si debemos saber programar o si ahora la clave es el vibe coding. Pero mientras nosotros discutimos herramientas, el Diseño ha llegado finalmente a los niveles más altos de poder. Como señala el Foro Económico Mundial (WEF), UX es una disciplina proyectada a crecer. Los líderes globales esperan que resolvamos problemas de escala humana y económica.
El problema es la disonancia cognitiva que esto genera en los equipos. Muchos eligen activamente sabotear las herramientas que les darían ese poder real. Dicen que quieren impacto, pero rechazan con desdén la disciplina de investigación cualitativa y el rigor de las métricas porque, según su visión, “eso les quita la magia”. El reporte de McKinsey sobre el valor del Diseño ya demostró hace tiempo que las empresas que integran el Diseño en su estrategia crecen el doble, pero también dejó claro que la mayoría de los equipos no saben cómo medir su propio impacto en el P&L (pérdidas y ganancias).
Quieren los privilegios de un líder, pero mantienen la falta de responsabilidad de un ejecutor que solo sigue órdenes. Esta actitud es un deseo de validación artística disfrazado de rol profesional. Si no hablas el lenguaje de la rentabilidad, el sistema simplemente te procesa como un costo operativo más.
Esta falta de claridad ha permeado hasta la médula de cómo estamos formando a los que vienen detrás. Cuando surge el tema de qué se le puede pedir razonablemente a un Junior hoy en día, la resistencia de muchos colegas es total. Se argumenta que no se les puede exigir criterio porque “apenas están empezando”.
Ese argumento ha dejado de ser vigente. El reporte State of the Designer 2026 de Figma confirma que la ejecución mecánica ha pasado a un segundo plano. En un mundo donde la IA ya se encarga de la talacha de los pixeles, el criterio y el entendimiento del contexto son el piso mínimo indispensable para existir profesionalmente.
Hacer esto es como cuando intentas construir una casa: el Junior ya no es el que carga los ladrillos (eso ya lo hace la máquina), ahora el Junior debe ser capaz de entender el plano y saber por qué un muro no puede ir ahí. Si no sabemos qué pedirle a un Junior, es porque nosotros mismos hemos olvidado qué impacto debería tener nuestro trabajo. Estamos enviando gente a levantar rascacielos con palillos de dientes cuando lo que necesitamos son estrategas que resuelvan broncas.
Muchos eligieron esta carrera por una idea vaga de “creatividad” aplicada, una especie de refugio donde esperan que se les pague por ser artistas. Confundir el Diseño con el arte es un error de diagnóstico fundamental. Como bien dice Erika Hall en Just Enough Research, la investigación es la base de cualquier decisión que pretenda ser seria.
¿Qué es lo que quieren entonces? ¿Que les paguen por ser los árbitros de lo que se ve “moderno”? Sienten que el cuestionamiento técnico a sus decisiones estéticas es un ataque personal, cuando en realidad es un control de calidad necesario para que el plan funcione. Elegir ser Diseñador para solo “hacer cuadritos” es como meterse a estudiar medicina porque te gusta el diseño de las batas blancas. Tarde o temprano te vas a topar con la sangre y con diagnósticos difíciles que no se curan con un paliativo estético.
Me queda claro que el título de “Diseño“ siempre ha sido un problema para el Pensamiento Centrado en las Personas. La etiqueta arrastra un peso visual que nubla nuestra verdadera misión. Esto no es nuevo; Richard Saul Wurman definió la Arquitectura de Información en los años 70 para tratar de darle estructura al caos, y la comunidad de aquel entonces lo resistió porque preferían la ambigüedad de lo “creativo” sobre la claridad de lo informativo.
Hoy el problema no son los títulos, ni el mercado. Lo que realmente nos frena es que ni los propios Diseñadores pueden decir qué carajos quieren que les paguen por hacer.
En mi caso, el Diseño es el medio que mejor se adapta a lo que me gusta hacer: resolver problemas complejos con tecnología. Pero si tú sigues defendiéndolo como una religión de pixeles y te resistes a entender cómo gana dinero tu empresa, entonces quizás no eres Diseñador. Quizás solo quieres pintar cuadritos en paz.
¿Quieres ser el arquitecto de una solución o solo el maquillista de un problema?
Si después de leer esto sientes que te falta estructura para dar ese salto de ejecutor a estratega, he preparado un par de recursos que te pueden servir para empezar a construir ese criterio que el mercado hoy exige:
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