Los Orquestadores del Vacío

Autor: Adrian Solca · 2026-05-08

Si has pasado más de diez minutos en redes profesionales últimamente, habrás notado un patrón curioso: los que más están empujando la narrativa de que el Diseño y el desarrollo son disciplinas “muertas” gracias a la IA, no son los Diseñadores ni lo

Los Orquestadores del Vacío

Si has pasado más de diez minutos en redes profesionales últimamente, habrás notado un patrón curioso: los que más están empujando la narrativa de que el Diseño y el desarrollo son disciplinas “muertas” gracias a la IA, no son los Diseñadores ni los ingenieros.

Son, curiosamente, ciertos sectores de gestión que parecen haber encontrado en el algoritmo el pretexto perfecto para intentar centralizar el control estratégico. Es la fantasía del administrador que cree que puede dirigir una orquesta solo porque ahora tiene una batuta electrónica que marca el tempo automáticamente, ignorando que el valor nunca estuvo en el movimiento del brazo, sino en la interpretación de la partitura.

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El experto como “estorbo”

Parece haber un resentimiento latente contra las personas que componen estos campos. En el teatro corporativo, ser un experto en algo te convierte, irónicamente, en un inconveniente. Eres el “estorbo” en un proceso que tiene mucha prisa por llegar a ningún lado.

¿Por qué? Porque el experto es quien tiene el criterio para decir: “esto no escala”, “esto daña la confianza del usuario” o “esta solución es técnicamente mediocre”. Como señala el reporte de Nielsen Norman Group sobre el Paradox of AI and Expertise (2025), la IA tiende a elevar el desempeño de los novatos hacia la mediocridad aceptable, pero solo los expertos son capaces de detectar los errores de lógica profunda que las herramientas cometen al carecer de contexto real.

Esta urgencia por decretar la muerte de una disciplina es, en el fondo, un síntoma de la falta de pertenencia. En organizaciones donde muchos profesionales no son dueños de ningún resultado real, la IA se convierte en un refugio para reclamar una autoridad que no tienen. Declarar que el Diseño es ahora una “salida de datos” automatizada les permite sentir que finalmente han tomado el control del tablero, eliminando esa supervisión crítica que perciben como una barrera para la agilidad, cuando en realidad es el único seguro contra la irrelevancia.

Imagina que estás en un hospital y el administrador anuncia que los cirujanos ya no son necesarios porque ha comprado un robot que cose con precisión milimétrica. El administrador se autoproclama el único “estratega médico”, convencido de que su capacidad para programar el robot es equivalente a entender la fisiología humana. Tienes una máquina impecable operada por alguien que sabe de procesos, pero que no tiene idea de por qué el paciente está sangrando. Tener una herramienta nueva no te otorga el criterio que te falta.

La gran ironía de la automatización

Lo más divertido de esta lucha por la relevancia es que proyectar la “muerte” de la ejecución es la táctica de distracción favorita de quienes temen su propia irreemplazabilidad.

No es necesariamente un ataque malintencionado, sino una respuesta humana a la falta de seguridad cognitiva. Cuando tu propio rol se siente amenazado por la automatización, la reacción natural es intentar simplificar el ecosistema para sentir que aún tienes las manos en el volante. Al estar lo suficientemente cerca del Diseño, muchos creen entenderlo por completo, ignorando que lo que no pueden ver —la arquitectura de la intención— es precisamente lo que la IA no puede sustituir.

La ironía es brutal: la IA es extraordinariamente buena gestionando tickets, organizando cronogramas y documentando requisitos. Según el McKinsey Global Institute en su análisis de The Evolution of Cognitive Work (2026), las tareas de coordinación operativa —el núcleo del Project Management tradicional— han alcanzado un 85% de potencial de automatización, comparado con solo un 20% en la toma de decisiones arquitectónicas complejas.

Intentar convertir al Diseño estratégico en un commodity es un mecanismo de defensa. Quien decreta la muerte de la disciplina del otro suele estar, en realidad, lidiando con el miedo a su propia obsolescencia operativa.

Cómo distinguir el ruido de la realidad

Para los Diseñadores que están viendo este incendio desde adentro, el primer paso es aprender a filtrar el discurso. El alarmismo siempre tiene un punto ciego: confunde el output con el outcome.

Si alguien te dice que “el Diseño ha muerto” porque una herramienta puede generar un flujo de checkout en segundos, te está hablando un operario de herramientas, no un constructor de negocios. El operario ve el píxel; el Diseñador ve la deuda técnica, la fricción cognitiva y el riesgo legal de una interfaz que no fue planeada con consciencia.

Para no caer en este teatro del pánico, fíjate en quién firma el certificado de defunción:

  1. ¿Es dueño del resultado? Quienes no tienen la responsabilidad de mantener el producto vivo suelen ser los primeros en pedir que se “automatice todo”.

  2. ¿Habla de velocidad o de valor? La IA es imbatible en velocidad, pero nula en intencionalidad. Si el argumento es “ahora lo hacemos más rápido”, huye. Lo que están construyendo es basura a alta velocidad.

  3. ¿Ignora las excepciones? La IA diseña para el “mejor de los casos”. El experto diseña para cuando el sistema falla, el usuario se equivoca y la ética se pone a prueba.

Blindar la capacidad de decidir

Como indica Gartner en su Strategic Technology Trends for 2026, estamos pasando de la “Era de la Generación” a la “Era de la Validación”. La solución para los Diseñadores que aspiran a la estrategia y para los líderes que cuidan el margen operativo es dejar de defender su capacidad de “hacer” y empezar a blindar su capacidad de decidir.

El valor no está en el prompt, está en el criterio ético y técnico que la IA no puede inventar. No permitas que reduzcan tu disciplina a una “salida de datos”. El Diseño es un plan consciente; si dejas que alguien sin formación en arquitectura de intención tome el control total solo porque tiene un software nuevo, lo que vas a obtener no es eficiencia, es un desastre operativo decorado con interfaces bonitas.

La rentabilidad ética en 2026 requiere más expertos en la sala, no más orquestadores de herramientas que no comprenden.

Felices trazos.

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